Terapia visual para los que tenemos más de 15 primaveras

La terapia visual no sólo es útil y eficaz en niños. Adolescentes y adultos también podemos beneficiarnos de un programa de terapia visual.

No son pocos los adolescentes y adultos jóvenes los que,  a consecuencia de las largas horas de estudio y de trabajo en cerca, padecen de dolor de cabeza, picor o enrojecimiento de los ojos, o un cansancio excesivo asociado a estas actividades.

Esta sintomatología es también común a todas aquellas personas que se encuentran en el pico de su vida laboral, con una gran carga de trabajo, y que pasan muchas horas utilizando su visión para cerca.

En ambos casos puede ocurrir que este exceso de trabajo en cerca  descompense el sistema visual, provocando que,  alteraciones que estaban controladas o latentes,  empiecen a dar guerra y a generar incomodidad.

Más adelante, la aparición de la presbicia supone un cambio importante para el sistema visual. Debe volver a reajustarse, y por el camino pueden aparecer problemas visuales que, si bien ya estaban ahí anteriormente empiezan a molestar debido a las nuevas condiciones visuales.

Muchos casos de insuficiencia de convergencia pueden pasar desapercibidos durante la niñez y adolescencia para empezar a dar guerra durante la vida universitaria o laboral. Incluso puede ser una causa de inadaptación a las lentes progresivas, puesto que al no tener una buena convergencia los ojos son incapaces de mirar por las zonas de cerca del progresivo.

Estas situaciones pueden ser tratadas con bastante éxito mediante un programa de terapia visual.

Por otro lado, pese a que hace unos años se mantenía que no era posible tratar la ambliopía y el estrabismo en mayores de 8 años, hoy se sabe que es posible tratar estas condiciones incluso en personas adultas. En estos casos, cuando nos planteamos un programa de terapia visual, hay que valorar el pronóstico de cada caso particular.

En todo caso la terapia visual en adultos y jóvenes tiene ventajas e inconvenientes, comparada con la terapia visual en niños.

Entre los inconvenientes: se alargan los tiempos, puesto que el cerebro ya no es tan plástico y moldeable, todo requiere más tiempo y más práctica. Además por esta misma razón no se alcanzan los mismos resultados que con los niños, en un adulto todo funciona un poquito peor. Por otro lado los adultos y adolescentes solemos tener agendas más apretadas, con lo cual es más difícil encontrar un momento para la terapia visual.

Las ventajas son claras, se aprovecha más el tiempo de consulta, y también se aprovecha más el tiempo de trabajo en casa. Los adultos somos más conscientes de nuestro sistema visual,  nuestras habilidades orales y comprensivas están más desarrolladas, con lo que es infinitamente más fácil explicar y entender los distintos ejercicios. La propia persona es responsable de su propia terapia, de sus avances y de sus tiempos.  Además podemos ser más constantes y mantener la atención durante más tiempo que un niño.

En definitiva, tener unas cuantas primaveras no te libra de poder hacer algo por tu visión. Sólo necesitas tener claro lo que vas a hacer, por qué lo vas a hacer y mucha motivación.

¡Nos vemos en la consulta!

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