¡Salir a jugar fuera!

Estamos teniendo una de las primaveras más soleadas que recuerdo. Estos días tan maravillosos pueden ser la excusa perfecta para que los niños puedan salir a jugar al exterior.

Precisamente ayer lo comentaba con una madre que me decía que, con las vacaciones de semana santa, habían ido a casa de los abuelos, y claro la criatura lo único que quería era jugar fuera, ni hablar de hacer los ejercicios de terapia… Yo le comenté, que ya que tenían oportunidad, aprovechasen para hacer todos esos juegos que el resto del año, por temas de espacio, tenemos que adaptar.

Enumeremos algunos de los principales beneficios de jugar al aire libre:

  • Se produce vitamina D, necesaria para un correcto desarrollo y crecimiento físico
  • Se estimula el movimiento y la actividad física, que de sedentarismo ya estamos servidos
  • Se estimula la visión de lejos, se relaja la acomodación, se practican los movimientos oculares… Además hay estudios que relacionan la miopía con una exposición insuficiente a la luz natural.
  • Todo, ya sea la arena, la hierba, el aire, el sonido de las hojas al moverse, el de las olas… supone una fuente de estimulación sensorial. Jugar fuera es una fuente inagotable de estimulación para la visión, el oído y el tacto.

Seguro que me dejo alguno en el tintero, pero es que, son muchos.

Ojo, cuando hablo de jugar fuera no me refiero a sentarnos en una manta sobre el suelo y sacar la tablet, la maquinita o el teléfono. Hablo de juegos activos, en los que el niño tenga que moverse e interaccionar con su entorno y con otras personas. Solo así conseguiremos estimular los sentidos vestibular y propioceptivo, y solo así aprovecharemos de verdad los beneficios de jugar fuera.

Y, ¿a qué podemos jugar? las opciones son ilimitadas. Yo os propongo las que primero me vienen a la cabeza, pero pensar y escoger la que mejor os venga en función del sitio, de la edad del niño, de si hablamos de un niño sólo o son varios, de si tiene alguna dificultad física o médica… ¡hay que adaptar el juego al niño!

Podemos hacer croquetas (también llamadas tronquitos, rodillos, rollitos…) Básicamente consiste en tumbarse sobre el suelo, estirarse con los brazos extendidos hacia la cabeza, y ponerse a girar sobre uno mismo. Suele ser divertido cuando hay algo de pendiente en el terreno. Podemos jugar a los coches de choque, si el objetivo de las croquetas es chocar unas con otras. Otra opción es hacer una supercroqueta juntándonos varios y cogiéndonos de manos, pies… formando una hilera. También se pueden hacer carreras. Trabajaremos el sentido del tacto, el sistema vestibular y el propioceptivo y ya de paso la motilidad ocular.

La carretilla; consiste en coger al niño por los tobillos y elevarlo de modo que quede apoyado sobre las manos y pueda avanzar caminando sobre ellas. Nos ayuda a trabajar las vergencias oculares, el tono muscular del tronco, del cuello y de los brazos, muy necesario para mantener una postura correcta cuando están sentados. También trabajamos las manos, el tacto del suelo, la fuerza que hacen para sostener el cuerpo… este juego nos puede ayudar a mejorar la caligrafía.

Juegos de pelotas, ya sea fútbol, campos medios, peloteo con las manos, malabares, jugar a las palas… todos ellos nos ayudan a trabajar la visión espacial, la visión binocular, la motilidad ocular. También el tono muscular y el control del cuerpo. Si jugamos con las manos trabajamos la coordinación ojo mano y las habilidades motrices finas de la mano, necesarias, por ejemplo, para la pinza del lápiz.

Juegos de saltar, carreras a la pata coja, el cascayu, saltos de longitud, carreras de sacos, saltar a la comba, jugar a la goma… trabajaremos el tono muscular, el control vestibular y propioceptivo… con los beneficios que eso tiene para el control de los movimientos oculares.

No olvidemos, los toboganes, columpios, balancines, andar en bici, patinar…Está claro que me estoy dejando muchos juegos, pero si los pongo todos no acabaría nunca…

También tenemos la opción de dejar a los críos tranquilos y que se organicen y jueguen a su manera a lo que ellos quieran. Algo no tener la dirección intervencionista de los adultos estamos obligando a los peques a poner en marcha su imaginación, a entenderse unos con otros, a pensar qué es lo que les apetece hacer… El juego no dirigido también es importante para el desarrollo.

Si el niño es muy muy pequeñito, casi un bebé, desde luego no jugará a las palas, pero en función de su edad podrá gatear o arrastrarse por un suelo distinto al de su casa, con una textura completamente nueva, diferente y estimulante… puede ver y oir cosas nuevas y empezar a explorar nuevos entornos

Seguro que en tu caso también tienes cerca un prau, una playa, un área recreativa… o la casa de los socorridos abuelos. ¿A qué vas a jugar? Anímate y sal.

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