Nunca es demasiado pequeño para una revisión visual

Pongámonos en situación, estamos en una revisión con el pediatra, al que hemos ido a consultar porque nos parece que el peque ve mal. En muchos casos, si el niño es menor de uno o dos años, el pediatra, tras una revisión básica de su sistema visual, nos dirá que es demasiado pequeño, que no pasa nada y que debe ser un poco mayor para poder hacerle una revisión visual completa.

Pues bien, nunca nunca nunca es demasiado pequeño para una revisión visual completa. Si los padres o los profesionales sanitarios notan cualquier cosa rara puede hacerse una revisión desde la primera semana de vida. Seguro que tú también has visto el vídeo de la pequeña a la que sus padres ponen gafas por primera vez. Piper es una niña muy pequeñita, y aún así le han hecho un examen visual.

Para revisar la visión de un peque es necesario recurrir a un profesional especializado en el trato con niños y que sepa qué debe buscar en función de la edad del niño y como valorar los resultados respecto a la edad.

No se evalúan las mismas cosas en un niño de 2 años que en un niño de 4, y los resultados obtenidos en la evaluación visual no se valoran de la misma manera. Un niño de 2 años no tiene que tener desarrolladas las mismas habilidades que un niño de 4.

En mi experiencia, cuando una madre dice que su hijo ve mal, en la mayoría de los casos tiene razón. Si en vez de darle largas y decirle que el niño es demasiado pequeño, le hacemos caso y derivamos al niño al profesional adecuado, podemos ganar mucho tiempo.

Recordemos que los niños cuando nacen son funcionalmente ciegos, van desarrollando la visión según las experiencias visuales que vayan teniendo. Si un niño no ve bien y no le ponemos remedio estará desarrollando su visión por debajo de lo que debería. Con el simple gesto de ponerle unas gafas con su corrección podemos conseguir que su desarrollo sea normal y adecuado para su edad.

Os pongo un ejemplo, recuerdo en cierta ocasión haber graduado a un niño pequeñito. Su madre contaba que ella notaba que veía mal desde que el niño era prácticamente un bebé, se lo comentaba al pediatra y este le decía que aún no lo podían graduar.

En la guardería el niño no se concentraba en nada y no se relacionaba adecuadamente. Llegaron a decirle a su madre que si no sería hiperactivo (maldito el momento en el que todo se soluciona diagnosticando hiperactividad).

Finalmente, convencida de que su hijo no veía decidió pedir una segunda opinón, consiguió que revisaran la visión de su hijo. Como ella bien sabía el niño no veía bien, tenía una graduación elevada y hubo que ponerle gafas.

Desde entonces la criatura mejoró notablemente en la guardería, empezó a relacionarse mejor con sus compañeros…

A día de hoy le va bien en el colegio, pero sus habilidades visuales, agudeza visual, fusión… no terminan de desarrollarse. Hemos decidido empezar un programa de terapia visual para ayudarle a desarrollar un buen sistema visual.

La pregunta que me surge es, ¿qué hubiese pasado si hubiésemos escuchado a la madre desde el principio? ¿si hubiésemos tenido la formación suficiente como para saber que es posible graduar a un bebé? Si se le hubiesen puesto antes las gafas posiblemente le hubiese ido mejor en la guardería, su desarrollo visual se habría iniciado antes, seguramente ahora tendría unas habilidades visuales mucho más desarrolladas y no sería necesario hacerle terapia visual.

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