Niños en movimiento, niños en desarrollo

Debemos permitir que los niños, desde muy pequeñitos, tengan cierta libertad de movimientos. De esta manera se desarrollan las habilidades motoras que le van a permitir madurar.

A veces, en vez de dejar a los niños en el suelo, los mantenemos durante largos periodos de tiempo en huevitos, cestitas o sillitas. Así el niño está quietecito y en “lugar seguro”, pero, al no permitir que se mueva, estamos impidiendo su desarrollo motor, no dejamos que ruede, que se arrastre por el suelo ni que gatee.

Después nos entrará la prisa, querremos acelerar el desarrollo y que el niño se ponga de pie y camine lo antes posible. Lo pondremos en un andador o lo cogeremos de las manitas para que camine.

Al final el niño camina, pero ¿cuál es el precio de lo que nos hemos saltado? ¿cuál es la consecuencia de nuestra prisa?

En cada etapa, con cada movimiento que aprende a hacer, el niño trabaja distintas habilidades, sin las cuales no puede pasar a la siguiente etapa. Un bebé que no puede estar sentado por si mismo es mejor que esté tumbado hasta que esté listo para sentarse. Si queremos que aprenda a mantener la cabeza levantada debemos permitirle que esté boca abajo. No podemos pretender que anden antes de gatear.

En torno al mes de vida el bebé comenzará a levantar la cabeza cuando está boca abajo, empieza a coger algo de tono en el cuello. Está trabajando los músculos de la espalda, que más adelante le permitirán arrastrarse gatear y mantener la posición erguida cuando se ponga de pie. Obviamente, si nunca está boca abajo, no aprenderá estas cosas.

El arrastre implica movimiento del brazo y la pierna de lados contrarios, también implica a los dedos de los pies, que deben “hincarse” en el suelo para avanzar. Un correcto desarrollo de esta etapa es importante para el desarrollo de los pies. Si un niño no ha trabajado bien sus pies arrastrándose tendrá más tendencia a cansarse de caminar o será peor en deportes como el futbol.

El gateo aparece entre los 8 y los 10 meses, es una etapa fundamental del desarrollo. El bebé hace movimientos contralaterales, avanza con una mano y la pierna del lado contrario, de esta manera empieza a equilibrarse. Fortalece los músculos de la espalda, del cuello, de los brazos… que le ayudarán a mantener una postura erguida. Además empieza a trabajar la coordinación de sus dos ojos, trabaja las vergencias, la acomodación y la motilidad, sienta las bases para el desarrollo de una correcta visión binocular.

Tanto el arrastre como el gateo ayudan a trabajar la motricidad de las manos, necesaria, por ejemplo, para una buena caligrafía. En un arrastre y un gateo correctos las manos están totalmente apoyadas (no en forma de garra) y el peso se reparte entre la palma y los dedos (no se concentra en la muñeca).

En todas las etapas es fundamental la estimulación externa. Cuando el bebé es muy pequeñito mecerlo, achucharlo, darle masajes y cariñitos, hacerle cosquillas, jugar con él, darle un sonajero o juguetes apropiados para su edad… es necesario darle confianza y estimular sus sentidos.

Cuando ya es algo mayor podemos estimular y ayudar a su desarrollo con juegos. Por ejemplo el del caballito, en el que botamos al niños sobre nuestras rodillas, o el de “aserrín aserran, maderinos de san juan…”, en el que lo balanceamos adelante y atrás… damos estimulación propioceptiva, vestibular, táctil, estimulamos la audición, el ritmo, la memoria…

¿Qué pasa si no se cumplen las etapas? Cada caso es único, pero si un niño se salta etapas tendrá más probabilidades de tener problema
s de aprendizaje. Si por ejemplo, no ha trabajado las manos tendrá más problemas con la pinza del lápiz. Si no ha trabajado la tonicidad de cuello y espalda le costará mantener una correcta postura sentada en clase, cansará, se tumbará sobre los libros o por el contrario se moverá continuamente…

Siempre, siempre, un niño en movimiento es un niño en desarrollo

 

 

Un comentario:

  1. Pingback: La playa, los niños y el desarrollo - tuterapiavisual

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