Los reflejos primitivos y el desarrollo.

Los reflejos primitivos son una serie de movimientos que los bebés hacen de forma espontánea y automática para poder sobrevivir. Son movimientos controlados por el troncoencéfalo, son involuntarios y aparecen como respuesta a determinados estímulos.

Reflejo de Landau

Estos reflejos permiten al bebé deslizarse por el canal del parto como respuesta a la presión. Le permiten llorar y coger aire por primera vez como respuesta a un estímulo vestibular.  También  succionar para comer. Llorar cuando tienen miedo o les pasa algo, coger y agarrar cosas, empezar a levantar la cabeza, a desplazarse, a gatear

La presencia de estos reflejos primitivos durante los primeros meses de vida es señal de buena salud neurológica. A medida que el niño va creciendo y madurando los reflejos primitivos deben ir desapareciendo uno a uno para dar paso a los reflejos posturales.

Los pediatras y médicos encargados de velar por la salud del bebé suelen comprobar el estado de los reflejos primitivos durante los primeros años de vida, comprueban que efectivamente estén activos. Sin embargo no se suele comprobar si los reflejos se van desactivando o no, aunque su presencia más allá del primer año de vida puede generar problemas.

Por poner un ejemplo sencillo, si un niño no ha integrado correctamente los reflejos asociados a las manos y a la succión puede tener problemas de vocalización y pronunciación, la pinza del lápiz será mala, así como la caligrafía y las habilidades motrices finas.

Algunos reflejos tienen implicaciones en ambliopías y estrabismos, siendo necesario trabajar con ellos e integrarlos antes de poder mejorar dichas condiciones visuales.

La integración natural de los reflejos primitivos se consigue a medida que el bebé va madurando y estabilizando las conexiones entre las distintas áreas de su cerebro, como el cerebelo que controlará movimientos voluntarios y los ganglios basales que controlan los reflejos posturales. Para que esto suceda el bebé, además de comer y dormir debe tener libertad para moverse (si lo mantienes encerrado en un parquecito o en una trona vamos mal) debe tener confianza para poder explorar su entorno, y para eso debe saber que tú y tu cariño estáis ahí disponibles en cualquier momento. Además el bebé debe estar en un ambiente seguro, adaptado a sus necesidades y rico en estímulos visuales, táctiles, auditivos, vestibulares…

Si todo ha ido bien, hacia los 2-3 años, el bebé estabilizará las conexiones con su sistema límbico (encargado de controlar sus emociones), pero si los reflejos primitivos continúan activos lo tendrá más complicado. A los 6-7 años finalmente estará listo para hacer un uso más intenso del cortex, necesario para tomar decisiones racionales y analíticas y para el aprendizaje.

Estos sucesos ocurren en cascada, si el bebé no se mueve ni está estimulado los reflejos primitivos no evolucionarán, las conexiones neuronales no estarán estables y tendrá más problemas de tipo emocional (rabietas, timidez excesiva…), posteriormente tendrá más dificultades de tipo académico.

Las conclusiones son que debemos permitir al bebé moverse libremente por su entorno, y que debemos darle el cariño y la confianza necesarias para que pueda hacerlo. Debemos prestar atención a que se cumplan todas las etapas del desarrollo evolutivo del niño, y asegurarnos de los reflejos primitivos van desapareciendo paulatinamente en el orden preciso.

De esta forma podemos garantizar el correcto desarrollo del niño e intervenir a tiempo en aquellos casos en los que se observen dificultades.

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